viernes, 2 de agosto de 2013

Agosto.

Ya va pasando el verano poco a poco… cada día es una nueva emoción, una nueva experiencia y un nuevo mundo por descubrir… hacia días que no me paraba a escribir… pero ahora tengo un rato para reflexionar, recordar, y contar mis últimos días… mis últimos sentimientos. Mis contradicciones frente al mundo, esos enfados conmigo misma, mi visión de la vida, mi opinión de la realidad.


Y es que no podemos parar el tiempo, aun que muchas veces desearíamos quedarnos estancados en un momento perfecto de nuestra vida. Junto a una persona, en un lugar a una hora, y que el reloj parase, los minutos no transcurrieran y la felicidad nunca acabara, pero no, en algún momento acaba el día y empieza la noche. En algún momento dejas de estar acompañado para estar solo, en algún momento ves que no tienes otro camino por delante que el tuyo, que no tienes vuelta atrás, solo tienes un largo recorrido, lleno de bonitos paisajes, de piedras y de noches solitarias a la luz de las estrellas. Y es que a veces solo te apetece dejar de caminar y sentarte en una sombra y dormir, no despertar, no querer ver todas esas realidades que hay frente a ti. Pero siempre hay una persona dispuesta a despertarte, a levantarte animarte y ayudarte. A estar a tu lado. A quererte.
Aquí sentada frente al ordenador, recuerdo esas mañanas en la playa tumbada en la arena, escuchando los gritos de los niños corriendo de lado a lado con sus pózales, las olas incansables besando con tranquilidad la arena, toda la gente vestida de mil colores, haciendo mucho y nada a la vez, simplemente disfrutando de sus esperadas vacaciones, recuerdo todas esas personas que conocí, y que tan difícil fue luego despedirme, sabiendo que probablemente nunca les volvería a ver… no hay nada como la magia del momento, luego cada uno vuelve a su rutina, a su vida, y se olvida. Recuerdo lo mucho que me gustaba meterme mar adentro, relajarme, y pensar, en todo y nada, saborear la sal en mis labios, y dejarme llevar por el mar, flotar en su inmensidad, cerrar los ojos, y sentir como el sol me acariciaba los hombros… Recuerdo pisar la arena ardiendo, y correr, recuerdo sentirme libre.
Ahora de nuevo estoy en Zaragoza, pisando mis queridas calles, viendo a mi gente, feliz. Porque tengo a mi lado lo que quiero. Porque esta siendo un verano genial. Feliz, por que la vida hay que afrontarla con una sonrisa.


En la vida no podemos tener todo, no podemos conseguir que todo salga como queremos, y no siempre podemos ser felices. No podemos ganar todas las batallas en las que nos sumerjamos, pero podemos aprender, y seguir.
Yo ahora tengo un nuevo motivo por el que sonreír. Él.♥